EL ÚLTIMO Y DESGARRADOR SONIDO DE LA TROMPETA DE LEE MORGAN
Hay ocasiones en las que el destino es cruel con el ser
humano. Y mucho más cuando se producen giros inesperados en las épocas más
álgidas de las vidas de personas cuyas trayectorias brillan con luz propia. Lee
Morgan representa a esos artistas con un recorrido vertiginoso de éxitos y
fracasos. Su final fue inesperado y trágico, privando al mundo de un talento
excepcional con tan solo 33 años de edad. En febrero de 1972, un fogonazo
fulminó a este trompetista de Filadelfia destinado a convertirse en uno de los
grandes del jazz. Fue en un pequeño local del extrarradio de Nueva York donde
su mujer, arrebatada por los celos, decidió empuñar un arma de fuego para
arrebatarle para siempre su pasión por la música y una vida de excesos. En el
Slug´s se desarrolló la brutal escena de una historia compleja y de constantes
altibajos. Un tipo que vivió en las tinieblas, hipnotizado por la heroína.
Helen, su infatigable compañera de viaje, fue quien la salvó, paradójicamente,
de sus turbulentos coqueteos con una droga letal. El alcohol y su etiqueta de playboy también le pasaron factura en sus habituales e innecesarias salidas
nocturnas. El precio que pagó fue su propio asesinato.
Para poder ahondar en su compleja y azarosa vida personal
y musical, Netflix, la popular plataforma estadounidense online, ofrece un
atractivo y prolijo documental con los ingredientes esenciales del género thriller. “I called him Morgan” es un trabajo crepuscular e íntimo que recoge
los caminos que llevaron a Lee y a Helen a encontrarse en una ciudad caótica
pero con una acuciante identidad cultural. Décadas después de haber salido de
prisión por este atroz crimen grabó una entrevista, que sirve como hilo
argumental de este sorprendente desenlace, a un educador y productor radial
justo treinta días antes de su muerte. Fue el momento idóneo para una
exposición pública tras su negativa a hablar y a ser fotografiada.
El director de esta cinta, el sueco Kasper Collin, traza
con un estilo sobrio una historia con importantes testimonios de músicos que
compartieron con Morgan escenarios de clubes de jazz o salas de grabación y que
fueron testigos de su época de esplendor y de su hundimiento por culpa de las
drogas. Wayne Shorter, Jymie Merritt y Billy Harper contribuyeron a diseccionar
los motivos que llevaron al genial trompetista a desenvolverse en aguas
movedizas. Sin embargo, prefirieron ensalzar su extraordinario legado musical.
Un tipo de gran inventiva e inspiración, con un dominio del instrumento
apabullante. Era tal su precocidad que, a los 18 años de edad, el gran Dizzy
Gillespie lo reclutó para su big band. Fue un impacto. Incluso tuvo la osadía
de desafiarle en su forma de tocar y en su vestimenta. El propio Dizzy vio en
él a un diamante en bruto cuando le permitió que improvisase “A night in
Tunisia”, una de sus composiciones más célebres. Ese mismo año, en 1956, lanzó
su primer disco, apoyado por el pianista Horace Silver, el músico más
representativo del hard bop. Y unos meses después participó en la grabación
de “Blue Train”, de John Coltrane, disco capital en la historia del género.
Selló su nombre y apellido junto a luminarias como el pianista Kenny Drew, el
trombonista Curtis Fuller, el contrabajista Paul Chambers y el batería Philly
Jo Jones. La irrupción de este imberbe talento en la escena neoyorquina no tuvo
precedentes. Su estilo provocador llamó la atención, dos años después, del
legendario Art Blakey para integrarlo inmediatamente en una de las primeras
formaciones de los aclamados The Jazz Messengers.
La carrera de Morgan era imparable. El prestigioso sello discográfico Blue Note le otorgó las herramientas necesarias para firmar dos espléndidos trabajos: “Candy” y “City Lights”. En ese instante, las críticas le convirtieron en el sucesor de su idolotrado Clifford Brown, otro brillante trompetista al que un accidente de tráfico le arrebató la vida con tan solo 25 años de edad. Pero la gloria no duró mucho tiempo. Una tormenta de heroína descargó furibunda sobre él, zarandeándole e hiriéndole sin que tuviera la posibilidad de reaccionar. Casi moribundo y sentenciado por Art Blakey, se desconectó de la corriente jazzística imperante en la ciudad y regresó a Filadelfia. Necesitaba refugiarse lejos de los focos y de la presión de un ambiente feroz, el peor lugar para rivalizar y no pasar desapercibido. Tras dos años de un voluntario exilio, desempolvó su trompeta y desató toda su furia en la meca del jazz con un álbum colosal, “The Sidewinder”, que destacó por su excelencia. Grabado en 1963, supuso una mina de oro para Blue Note. Aquello fue una bomba para quienes apostaron por la pulcritud de un sonido arrebatador. Aquel hombre devorado por la tristeza fue rescatado por la persona que una década después sería su asesina. La mujer que le cobijaría y le proporcionaría la estabilidad para facturar durante los años sesenta discos icónicos. En total grabó 30 como líder, muchos de los cuales se reeditaron posteriormente. En 1971, poco antes de desaparecer, dejó su impronta en un disco memorable. Se tituló, premonitoriamente, “The Last Session”.
El Slug´s fue el epílogo de un discurso musical inigualable
en un período de tiempo muy corto. Seis meses después cerró definitivamente sus
puertas. Helen tiñó de sangre un santuario para los amantes de un estilo en
alza y sumamente excitante. El inefable Sonny Rollins, aún vivo, puede dar fe
de ello. Lee Morgan quedó sepultado, para siempre, por la displicencia de quien
lo encumbró y lo catapultó hacia el éxito.
"Un documental excelente (...) tan bueno en lo visual y en las texturas como apasionante en su meritorio reportaje" (Guy Lodge en Variety).
"Es fascinante (...) escuchar a los músicos
entrevistados hablar de sus reacciones al tiroteo y cómo sus percepciones sobre
Helen cambiaron" (Boyd van Hoeij en The Hollywood Reporter).
"Fascinante, volátil, alucinatorio, exuberante,
trágico... (…) Puntuación: ★★★★★ (sobre 5)" (Jordan Hoffman en The Guardian).
"Cargado de suspense a pesar de que el final es
conocido" (Sarah Ward en Screendaily).
"Un retrato vivaz y conmovedor de la música, el amor
y el asesinato" (Gary Garrison en The Playlist).
"Deslumbrante (...) Kasper Collin hace magia con
ingredientes que son mágicos desde el principio: un puñado de entrevistas
actuales; grabaciones espontáneas en blanco y negro de Morgan..." (David
Edelstein en Vulture).





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